Category Archives: Alemanha

03jun/14
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Cantabria, País Vasco y Asturias… por Matías Rosenberg


Hace varios años que tenía pendiente un viaje que fuera estrictamente gastronómico. En general siempre que tengo la oportunidad de viajar, conozco las diferentes ciudades a través de la comida y la bebida. Es decir, visitar el Coliseo en Roma es una experiencia vital, pero si a eso le agregamos una focaccia excelentemente preparada, con jamón crudo y mozzarella de primera y aceite de oliva digno de algún premio, es claramente otro asunto.

Por eso, cuando este año decidí irme al norte de España y hacer parte de la Ruta Cantábrica, sabía a lo que iba…pero no sabía que la sorpresa iba a ser tan grande en algunas ocasiones.
Tomé un vuelo a Madrid y de ahí, agarré un auto y manejé 400 km hasta llegar a Pamplona. Luego de acomodar mis cosas en el hotel me dirigí al casco antiguo, donde están todos los bares de Tapas&Pintxos. Hay un evento que se lleva a cabo en Pamplona, que se llama “Semana del Pintxo”. El primer lugar al que entré lo había ganado los últimos 3 años (Bar Gaucho), con un pintxo que se puede comer en casi todos lados, pero acá era algo especial: Pintxo de foie. Nunca nada tan simple me generó tantas satisfacciones. Hígado de pato, fresco, vuelta y vuelta en una plancha y 4 escamas de sal marina. Debo confesar que probé este bocado en varios lugares. Cada uno con su estilo, pero todos excepcionales.
La simpleza en la elaboración de los productos es la clave esn toda esta zona de España. Seguido a esto un Huevo trufado, vaso de whisky, huevo poche, crema de hongos con trufas y papas pay. Para mojar el pan en el borde del vaso.
Seguí visitando Pamplona el día siguiente, entrando a cuanto recoveco viera por ahí, probando todo y hasta cocinando en algún lugar, gracias a la gentileza de los dueños de los bares que están abiertos a todo cuando de gastronomía se trata. Pintxo de revuelto con pimientos y chistorra, bacalao frito, chorizos a la sidra, Foie fresco con cebollas caramelizadas y salsa de Oporto, pintxo de jamón ibérico, tomate, berenjena grilladas y pimientos de piquillo y por último, un gran ejemplo de simpleza y mezcla de sabores: Un “bife” de queso de cabra sobre una rodaja de pan con tomate, bañado en salsa de frutos rojos y aceto.
Me fui de Pamplona hacia lo que yo creía que iba a ser la gran revelación de todas: San Sebastián. No me equivoqué. No recuerdo haber tenido en mi vida tantas experiencias positivas tan seguidas. Apenas llegué al hotel, la dueña del mismo me indicó donde tenía que ir para pedir cada cosa. Bordaberry para el pintxo de pulpo y el de carrillera, Bar Sport para la croqueta de bacalao y los chipirones a la plancha. El pintxo de gambas de tal lugar, el montadito de Juantxo, etc etc.
Obviamente no le pifió en nada. EL primer consejo que me dio fue que pasara a almorzar por la “Bodeguilla Donostiarra”. Una cantina atendida por sus dueños, donde además del especial del día, podías encontrar todos los platos en su versión pintxo, tapa o ración, depende de cuanta hambre tuvieras. Lo que me permitía probar muchos mini platos. Hacían una mini tortilla individual que le puede competir a cualquier tortilla que haya comido en cualquier ciudad de España. Y un pulpo en escabeche que fue el mejor comienzo para 3 días inolvidables.
Durante las dos noches siguientes comencé el recorrido que me habían armado. TODO, pero absolutamente TODO me llenó de placer. Explosiones de sabores en mi boca. La mejor experiencia fue cuando entré por segunda vez en Bar Sport, y el mismo, atendido por su dueño José Luis, me empezó a ofrecer lo que a él se le ocurría: foie, croquetas, chipirones, sardinas fritas, manitas de cerdo, tortillas, pimientos, etc. Una experiencia inolvidable.

Al entrar en Bilbao me empecé a dar cuenta de que las cosas iban a cambiar. No peores ni mejores, simplemente distintas. Una ciudad hermosa, recorrida entera por el Río Bilbao y un museo imponente como el Guggenheim. Una gastronomía de altísimo vuelo. Zuga se llamaba el lugar donde aterricé mi primera noche (y donde tuve que volver la siguiente). Pintxo de cous cous de curry, con champis y crema de piquillo, brie con magret de pato y pil pil de mango, Foie a la plancha con frutos rojos, crema de piquillo y balsámico, cremoso de jamón ibérico con queso gratinado, foie a la plancha con costilla mini de cerdo y verduras grilladas. Todo un espectáculo preparado por David Asteinza, un muy conocido cocinero del País Vasco.
 

Toda la experiencia fue sublime. Las ciudades, la gente, las comidas, la bebida. Irse a dormir la siesta porque luego de comer así al mediodía no quedaba otra opción.

Luego de Bilbao estuve en Santander y Oviedo. Una ciudad de mar, donde lo recomendable era ir a comer al puerto y pedir paella, mariscos, fritatas y nada más. Y otra ciudad muy linda, donde la especialidad es la fabada y la sidra. Todo sucede en la calle de las sidrerías, miles de personas sentadas y paradas en 3 cuadras repletas de diferentes locales de comida y espirituosas.

Toda valió la pena. Y hacerlo manejando un auto fue una de las mejores decisiones. Los paisajes del País Vasco no tienen igual, la campiña Francesa (Biarritz queda a 20 km de San Sebastián).

Alguno dicen que toda la gastronomía europea desciende del norte de España. No se que tan acertado históricamente es esto, pero que es la mejor cocina del mundo no tengo dudas.

Matías Rosenberg Otero
Tw: @SoyMatiR

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Cantabria, País Vasco y Asturias… por Matías Rosenberg

29mai/14
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Freeganos, los marginales de la gastronomía

Puede que el título les parezca un tanto intenso, fuerte y hasta quizás violento. Pero venía de una mala racha sin entender a lo Vegetarianos, después a los Gourmands y ni hablar de los Carnívoros… ¿qué puedo hacer con los Freeganos?
Es cierto que esta moda pasajera seguramente tenga pocos adeptos en el mundo guiado por la masiva publicidad al iPhone 5, la necesidad de conseguir vidas en el Candy Crush y el famoso listado de productos comerciales que recibe Papá Noel, pero sigue siendo interesante estudiarla para, quizás, entender un poco más la autodestrucción del ser humano.
Hasta ahora teníamos una moda guiada por fundamentalistas, los vegetarianos, y dos modas guiadas por imbéciles, los carnívoros y los gourmands. Los Freeganos entran en la primera. 
Porque podés ser un idiota que carece de pensamiento lateral a la hora de pensar en alimentos o, todo lo contrario, ser tan idiota que sólo te conformes con productos inconseguibles y extraños para los demás mortales.
Pero el Freegano. El freegano es fundamentalista. Y de los fuleros.
Según la página oficial de los Freeganos (… si hoy tiene página oficial Hernán Caire, ¿por qué no la van a tener estos locos? …): “Se denomina freegan la gente que emplea estrategias alternativas para vivir, basadas en una participación limitada en la economía convencional, y en un mínimo consumo de recursos.”
Técnicamente el Freegano es un Linyera Snob. Un Marginal Pop-Art. Un miserable.
No tenía pensado hablar de esta minoría que intenta llamar la atención de una forma menos peligrosa que cortándose las venas, menos agresiva que prendiendo fuego autos en la calle y menos hipócrita que militando para el gobierno. Pero un día, hablando en su mal español y mi peor inglés, surgió el tema desde una amiga austriaca. Me comentó que estaba en contra del sistema y por eso no quería gastar más dinero en comprar alimentos. Se hizo Freegana. Y a mi me saltó la térmica.
La misma flaquita que un año atrás se había venido a Buenos Aires de vacaciones (léase sumar créditos en materias para su carrera), que recibía más de mil euros del estado (porque resulta que el estado austriaco te paga por ir a rascarte las pelotas). Tanto peronismo pero los austriacos la tienen mucho más clara que nosotros. Se van de vacaciones con la plata de los demás. Si eso no es Nac&Pop…
Entonces esta flaquita que comía sushi, paseaba, se iba de joda, tomaba buenos vinos, ahora es Freegana. Obviamente me saltó la ficha y mi cabeza empezó a carburar toda esta idea que les planteo, un poco por bronca y otro porque ¿a quién no le gustaría vivir sin trabajar?
No entiendo el concepto del Freegano. Una cosa es querer irte a una isla desierta y vivir trepando palmeras para tomar agua de coco, pero otra cosa es vivir en una metrópolis yendo a revisar la basura y ponerle un rótulo moderno para no admitir que sos un miserable que después depende de su página de Facebook, de su Smartphone, pero todo garroneando por una causa justa… ¿JUSTA PARA QUIÉN?
No defiendo al capitalismo ni al neo liberalismo porque destruyen la igualdad. Pero el socialismo hipócrita se inventó hace rato y me cae mucho peor. El mismo socialismo berreta que defiende la igualdad siempre que te falte a vos, porque si a vos te sobra, está clarito que no serías Freegano, Comunista ni compartirías una moneda con el limpiavidrios del semáforo. 
Nos quejamos de los americanos pero festejamos navidad con la tarjeta de crédito comprando regalos de fabricación extranjera… Entonces… no me vengan con el freeganismo…
Seré mala onda, pero pelotudo, no.


El Guerrillero Culinario


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Freeganos, los marginales de la gastronomía

23mai/14
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No entiendo a los carnívoros

Mi cuñado puede vivir a base de tubos de comida para astronauta. Así es como el Todopoderoso me paga con la moneda devaluada al cambio no oficial, con un cuñado que no come más que carne, milanesas, salchichas y fiambres.

Aprendí a convivir con eso.

Bueno ¡No! ¡En realidad lo quiero matar!

Puede que mi coeficiente intelectual reducido y mi falta de apertura mental me lleven a que no entienda muchas cosas, como cuando les conté que No entiendo a los Vegetarianos y No entiendo a los Gourmands. Hoy quería contarles el porqué de mi falta de entendimiento a los Carnívoros..

No tengo absolutamente nada en contra de la gente que comer carne. Yo como carne. Me gusta. De hecho, entre mis platos preferidos como última cena (si me dieran a elegir) están: una entrañita jugosa, una bondiola de cerdo braseada o una salsa bolognesa bien potente (acompañada por ñoquis de papa… O sea… más salsa que ñoquis).

Sin embargo … … … … No entiendo a los carnívoros.

Por carnívoro hablo de todo ser humano que carece de variedad a la hora de alimentarse y sólo puede vivir a base de carnes preferentemente rojas, aunque también acepta alguna blanca (como ser un pollito a la parrilla, pero siempre acompañado del vacuno o porcino amigo). Aclaremos que el pescado no es considerado una carne para ellos, salvo algunos casos donde, más que nada por hacerse los modernos, comen sushi.

El gran problema del carnívoro es la falta de creatividad e imaginación. Comida es sinónimo de VACA, da igual cómo se corte, de donde venga y que haya comido. Para acompañar la comida se usa ese pasto con cubitos rojos que los vegetarianos llaman ensalada. . La mirada obtusa del carnívoro es así: lo verde o es pasto o son mocos, lo rojo o es sangre o es una fruta para tragos con Ron, lo blanco, es merca, lo amarillo es taxi y lo negro es el futuro político.


El reino vegetal nos dio una variedad tan amplia e interesante sólo para que gente así la desmerezca diciéndole “ensalada” a dos hojas mustias de lechuga, un tomate cortado en cuadraditos y (¡en el mejor de los casos!) algo de cebolla. Aceite de girasol, vinagre y sal. Triste como final de Titanic.

El carnívoro le dice ensalada a eso. Y no se le caerá una idea por algo distinto.

Habiendo tantas recetas interesantes, tantos vegetales sabrosos a la parrilla, como ser un morrón relleno con huevo, ajos y aceite de oliva; o choclos asados y untados con manteca; o cocinar berenjenas en bastones en aceite de oliva, con cebolla ciselada, ají rojo en juliana y ajo picadito; unas cabezas de ajo asadas para mezclar con queso crema y untar panes… Existiendo todo eso, sólo terminan comiendo molleja para acompañar el cuadril.

Falta de imaginación. Falta de paladar. Falta de onda.

No tienen nada que los movilice para innovar en recetas diferentes a los 3 ingredientes básicos del mundo vegetal que están, por obligación, en la mesa ya que siempre hay una mujer… porque ¡seamos sinceros! ¡Si no hay una mujer en la mesa lo único que se acepta que no sea carne es Pan! … 

El hombre que dice “Compremos una plantita de Rúcula” es tildado de Rey de la Marcha por el Orgullo Gay 2013. Es así. No hay remate.

Entre hombres se come carne y, para colmo, la mitad de esos carnívoros la piden re cocida… 

Si sos carnívoro, bancate la carne como viene, si estás jugosa la comés jugosa. ¡Es carne! ¡Se supone que tiene que ser roja y no marrón cartón corrugado!

Así como comer sólo vegetales complica nuestra dieta para lograr conseguir los nutrientes necesarios, comer sólo carnes, también.

Todo lo que se consuma en exceso o repetidas veces va a hacer mal ya que, no hay un único alimento que contenga los aminoácidos esenciales junto con los requerimientos de grasas e hidratos de carbono. Comer siempre arroz, siempre verduras o siempre churrascos no es una solución. Al contrario, te va a terminar matando.

La alimentación es sana cuando uno come con mesura y placer. Comer todo lo que recomienda el médico con odio visceral porque uno quería tirarse de cabeza en una pileta llena de alfajores no es sano. Hay que buscar un punto de equilibrio entre los placeres, la comida, y los diferentes tipos de alimentos. 

Hoy en día, que se puso de moda cocinar, date una vuelta por alguna escuelita, chusmeá los programas con recetas, cocinate algo más que una milanesa de supermercado y la ensalada preparada por la verdulera. 

En una de esas, que cocines le puede llegar a parece atractivo a tu pareja y no te manda al banco de suplentes… ¿”nocierto“?


El Guerrillero Culinario


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No entiendo a los carnívoros

12mai/14
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¿Por qué arruinamos todo lo que importamos?

Me llega un comentario al Blog en el cual el autor pone en tela de juicio su opinión personal respecto a los programas del famoso Tony Bourdain. Su reflexión se ve guiada por la siguiente suposición: “el programa sobre Argentina, me pareció malísimo, por lo que me pregunto si su gusto y opinión gastronómica no sera igual de mala para todos los países“.
Y obviamente yo también me puse a pensar, al mismo tiempo que coincidía en que el programa hecho durante su estadía en Argentina fue bastante malo. 
Por no decir: una poronga.
Entonces me puse a recordar el capítulo de Andrew Zimmern transcurrido en Argentina. 

Para los que no lo conocen (¿qué hacen leyendo este blog si no conocen a este groso de las comidas exóticas?) Andrew Zimmern es un gordito pelado simpaticón que come cualquier cosa, pero especialmente, cosas raras, fuera de lo común, exóticas. 

Y Andrew Zimmern fue a comer carne a La Brigada…

¡Dejame de joder!
¡¡¡¿¿¿A LA BRIGADA???!!!
Fui a comer a La Brigada, excelente carne, especialmente diseñado para que extranjeros se vayan fascinados con nuestro producto estrella: el bife de chorizo. Pero… ¿QUÉ CARAJO TIENE DE EXÓTICO COMER UN PEDAZO DE BIFE?
Si eso te parece mear fuera del tarro, imaginate que el “famoso” Fabian Couto llevó al fan de las comidas exóticas a comer a Paladar. Paladar, por si no lo conocen, es un restaurante a puertas cerradas. De esos que se pusieron de moda en la década de los 90′s en todo el mundo y acá recién empezaron a funcionar en el siglo XXI. Si bien Paladar tiene una gastronomía excelente, y no es mi intensión criticar al Chef, llevar a un tipo que come comidas exóticas a comer pescado a un restaurante porteño, es, a mi entender, o una pelotudez marca cañón por parte de quien cree saber sobre la gastronomía de su país, o un arreglo comercial o de intereses para darle prensa y llegada internacional al espacio de un amigo.
Cualquiera de ambas reflexiones, a mi entender, no deja muy bien parada a la elección de ese lugar, más considerando que no hay que ser un erudito de la gastronomía para saber que podés llevar al gordito pelado a San Luis a comer chanfaina (que es un guiso de vísceras de cordero), hace unos años ya prohibido por SENASA porque no cumple las norDEJAME DE JODER, SENASA BOTÓN… También te lo podías llevar a Jujuy que hacen hasta arroz con leche y carne de llama, vicuña o guanaco, porque le meten la carne de esos animales a cualquier cosa con tal de no cagarse de hambre en plena montaña.
¡Qué se yo! ¡Mulita cazada en Entre Ríos! ¡Carpincho! Hay tantas cosas para que pruebe un tipo que come animales raros alrededor del mundo que seguramente no sean platos típicos como para llevarlo a comer un churrasco de mierda o pescado, o pasar por Las Violetas para después ir a ver Tango… qué se yo…

Después el tipo mala onda que critica a los demás soy yo, pero los programas fueron una mierda.

Y así, se repite con todo lo que importamos, como en este caso el MasterChef Argentina.

Importamos programas, estilos, ideas, todo, y lo hacemos mierda.

Admito que NO TODOS los MasterChef que se hicieron fueron buenos; de hecho el que se hizo en Perú dio más lástima que pena. Pero en términos generales tenemos esta increíble capacidad para levantar un programa extranjero, y hacerlo mediocre, berreta y de mala calidad.

Todo porque nos importa tres carajos el producto, lo que importa es vender dos puntos más de rating, ganar cinco clics más, porque acá hay mucho kamikaze que vende a su madre por ganar un par de entradas a su portal. 

¿La gente? 

¡La gente que se cague! 

Si total la gente no se queja. Y si se quejan no te escuchan. Porque podés arrobar setecientas veces a Martitegui que no te va a contestar. Podés decirle a Donato: ma che cosa fai? sei matto? dov’è il tuo cuore italiano per il buon cibo?*. Los tipos no se dan cuenta (o quizás sí) que se están quemando frente a un país por un buen sueldo (me imagino que así debe ser) que reciben para basurear a los chicos, que también fueron elegidos más por el personaje que realmente por el potencial culinario como cocineros. 

Por un lado tenés una edición especializada para quitar todo lo que vale la pena pero no sirve, y dejar lo que suma puntos: la miseria humana. 

Por otro lado tenés personajes de mierda que tienen que seguir, porque así tenés en vilo a los televidentes pensando: ¡este capitulo se va la vieja llorona! y así, durante 20 domingos esperás a que se vaya esa mina que ya creés tiene un gancho con alguno de la producción, o la tienen ahí como personaje de lástima/bronca, para que la gente tenga un motivo para volver el domingo a poner otra cosa que a Lanata.


Quizás, lo importante, sería preguntarnos:

¿estamos preparados para importar programas extranjeros de gastronomía y hacerlos bien? ¿o en el fondo nos gusta la mierda y nos revolcamos en ella?






*traducción: ¿pero qué hacés? ¿estás loco? ¿adónde está tu corazón tano por el buen morfi?


El Guerrillero Culinario


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¿Por qué arruinamos todo lo que importamos?

09mai/14
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Hay café-café…

Hace rato que tengo dando vueltas en la cabeza un conflicto acerca de los bares o cafeterías de Buenos Aires. 

Soy argentino con herencia tana, y me he sentido más veces tano que porteño. Las veces que pude tomar café en Italia me fui enamorado del sabor, de la textura, de todo el ritual, que a diferencia de acá, dura unos segundos, porque el café está hecho para tomártelo de un saque y disparar para el trabajo o correr el auto que dejaste en doble fila sobre la salida para discapacitados al que ni siquiera le pusiste las balizas. 

El tano es así. Y no lo defiendo; al contrario, odio esa forma enquilombada que tienen para vivir. Pero parece que les funciona, tanto el descontrol, como tomarse un rico café en menos de un minuto, de parado, como quien sale a fumarse un pucho, pero en menos tiempo.

Acá tenemos otra costumbre. Nadie se sienta a tomar un café por un minuto, no se acostumbra.
Cuando era estudiante (allá por el año 2000, y antes también) me sentaba en el café entre clase y clase para repasar algo antes de entrar a la facultad. Media hora, a veces más, con el culo aplastado y una promo de Café con Leche y 2 de manteca.

Reunión de negocios. Consultar a un abogado. Una charla con un amigo que está en el horno y quiere hacer la gran Barreda con la familia porque no lo dejan ir a ver el Turismo Carretera al interior. O hasta esperar sentado con una lágrima, “símbolo” que indica que estás por dejar a tu novia.

El café en Buenos Aires gira alrededor del entorno y no del café en sí. Porque si me preguntás qué sabor tenía el café cuando iba a estudiar a la facultad, te voy a decir que tenía sabor a falta de tiempo porque me iban a romper el upite en el examen. 

Cuando leo a alguien criticar a Starbucks, Mc Donald’s, Piacere, La Brioche Dorée, o cualquier cadena que ofrezca café con pastelería, me pregunto:
¿lo critican defendiendo a quién?
Ponele que no te gusta un restaurante de comida árabe. Si no te gusta, lo estás comparando con otro. Porque si no te gusta porque no te gusta, entonces no te gusta la comida árabe, y no es que no te gusta ese restaurante.

Me pasó hace unos días recomendar un menú del Pastrami Week. El menú es de $120 al medio día y $230 a la noche e incluye entrada, plato, postre, vino o gaseosa (línea Coca). Y salta alguien a decirme que se come más barato en Katz (New York). Claro, hace la comparación alguien que vive en Nueva York y viste una cartera de Louis Vuitton (o no sé que marca pero alguna de esas que te rompen la cabeza con los precios). A mi comer acá me cuesta eso, o pagarme un pasaje en promo de $8.700 para ir a comerme el Pastrami a NY. 

Si hiciera eso pensarían que soy un pelotudo. 

¿Entonces cuál es el punto de comparación entre un café de cadena internacional contra otros cafés?

Porque si me van a decir que prefieren el café de Cocu antes que un Starbucks les anticipo que los precios son parecidos, la “no-atención” es la misma (en ambos tenés que ir vos a comprar, esperar y llevar a tu mesa la bandeja), el amontonamiento es similar, y los centroamericanos/centroeuropeos que te atienden, tampoco manejan tus códigos de la rivera de La Plata.

Pongamos de ejemplo a Mc Donald’s, que hace uno de los cafés americanos quemados más pedorros del sistema solar. Sin embargo, por lo que vale, lo prefiero al mismo café pedorro que te venden en cualquier barcito de San Justo, Villa Urquiza, Avellaneda o Microcentro. Porque la idea es comprar precios similares. Cualquiera te dice que desayunar en Le Blé es mejor que Mc Donald’s. Claro, te sale el tripe.

Entonces estamos en contra de las cadenas porque son cadenas. Porque son capitales extranjeros y nos comemos el discurso pseudo nacionalista de un presidente que porta relojes suizos, ropa europea de fabricación norafricana, zapatos norteamericanos, y cueros argentinos con etiqueta verde de importación. 

Vamos chicos. No defiendo a las cadenas, pero tampoco nos comamos el verso de que los cafés y bares porteños son lo mejor del mundo, porque malos sueldos pagan todos, en especial los palermitanos modernos que contratan a colombianos que vienen a estudiar y no tienen muchas pretensiones a la hora de cobrar. La única diferencia está en que el 100% se lo queda el dueño, que tampoco es siempre argentino y si lo es, dudo que lo gaste en Calamuchita, Purmamarca o Trelew…
Ese tipo, argentino, nacionalista, laburador, se toma un vuelo por Américan a Miami, o por Iberia a Madrid… 

…y vos, defendiendo el modelo Nac&Pop cubierto por la bandera roja, blanca, azul y llena de estrellitas…

Mea culpa chicos. Mea culpa…







El Guerrillero Culinario


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Hay café-café…

09mai/14
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Portwein 2012, was ist mit diesem Jahrgang? | NACHRICHTEN ZUM THEMA | WEINE

30. April 2014 „Der 1825er duftete nach Feigen und Marmelade“25. April 2014 Weinelf Deutschland siegt in der Schweiz mit 2:018. April 2014 Verstärkung für österreichische Weinvereine16. April 2014 Fränkische Winzer-Entdeckung: Beim Nickel-Silvaner fiel der Groschen31. März 2014 Ahrwinzer setzen flächendeckend…

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Portwein 2012, was ist mit diesem Jahrgang? | NACHRICHTEN ZUM THEMA | WEINE

05mai/14
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Los argentinos somos unos amargos

Por algo la mano de Dios se le adjudicó a Maradona y no a un tipo cualquiera de otra nacionalidad. Ningún otro mortal merecía el apoyo de Dios más que un Argentino y eso lo saben todos.

O al menos es lo que nosotros queremos creer.

Si nos detenemos por un par de segundos a pensar ¿por qué es que la Argentina no desapareció del planeta teniendo a la sociedad irresponsable que tiene? … La respuesta será: Gracias a Dios. 
Porque mientras hay países donde mueren miles y miles de personas por huracanes, tornados, inundaciones, tsunamis, bombas nucleares y ataques alienígenas (especialmente en la isla de Manhattan), acá Dios nos quiere y nos cuida y no pasa una inundación de 30cm de agua por una lluvia fuerte en los barrios Bajo Belgrano, Pompeya o La Plata. Sí, para nosotros es gravísimo, pero si lo vemos a nivel mundial, la venimos safando…
Pero, ¿cuál es el motivo de Dios para querernos?
El motivo es que los argentinos inventamos absolutamente todo. Cualquier cosa fue inventada acá. Somos los reyes del mate, del tango, del dulce de leche, de la birome, del colectivo, de los patacones, de los parripollos, del paddle, del chimichurri, del Fernet, de la sobremesa, del truco, del… ¡PARÁ! ¿DEL FERNET?…
Sí… Parece ser que por tener el mayor consumo de Fernet per cápita en el mundo, los argentinos ya nos sentimos los dueños de la bebida y caminamos felices con nuestro vaso negro y su espuma color Camel para los obsesivos, beige para los oligarcas y marrón para los peronistas.
Lo nuevo de todo esto es que primero empezó siendo sólo Fernet con Coca Cola y ahora se incluyeron otras bebidas amargas como el Campari, el Jägermeister y el Cynar.

Será que los jóvenes necesitan parecerse a los grandes; o que la nueva moda Hipster New Cool Vintage (?) te lleva a probar las bebidas que estaban enterradas en el olvido, como la Hesperidina, el Pineral o la Hierro-Quina

Más allá del análisis filosófico de la sociedad que ya sabemos que tiene el cerebro completamente quemado de tanto Rivotril los números dicen que el consumo varió mucho.

Me parece perfecto que el público consumidor de bebidas alcohólicas haya migrado de la básica cerveza Quilmes hacia cervezas artesanales como las Otro Mundo, Antares o Gambrinus. Hace 20 años casi no había consumo de vino entre los jóvenes Sub30, y ahora hasta hay un jurado que cata que evalúa a los mejores exponentes de cada bodega formado por niños que recién ayer destetaron de la madre para seguir con el biberón de uva.

Con la coctelería pasó lo mismo.

Lo más loco que podías pedirte en la “era del Emperador Carlos Menem” era un Orgasmo de Pitufo, un Pantera Rosa o un Nafta Súper, tragos que rosaban la mediocridad del paladar de los consumidores. Admito haber consumido esos venenos que servían más para encender un motor de un Turismo Carretera o para curar heridas en la guerra.

Pero de a poco se giró al clásico Destornillador (siempre hecho con vodkas aptos para la limpieza y desinfección de baños), el Bellini con pulpa de durazno el lata y hasta la mezcla fatal de cerveza con whisky. Casi fue un paso en falso, pero lo que se vino después fue muy interesante.

De repente hay pibes que piden un Spritz (Campari, vino blanco seco y tónica, entre todas las variantes para hacerlo) porque conocieron la bebida en sus viajes por el norte de Italia o algún trastornado (como yo) les contó que el trago está buenísimo. Es muy lindo pararse frente a la barra y ver como sirven un Jägermeister con jugo de naranja, un Tom Collins o su primo Juan Collins, o escuchás las palabras mágicas: Cynar Julep y te sentís en un primer mundo etílico digno James Bond y su clásico Martini.

¿Qué nos está llevando a consumir bebidas con alto contenido de amargor en su elaboración? ¿Qué bichito lindo nos está picando que tomamos más Fernet que Daikiri de Mango? ¿Qué nos pasó como sociedad para que decidamos empezar a exigir calidad?

La verdad, no sé. Pero esta nueva tendencia me gusta.



El Guerrillero Culinario


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Los argentinos somos unos amargos

01mai/14
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Modurang – Mi coreano favorito ♥

La cosa es así: confiá en mí sin chistar, porque de otra forma no entrarías nunca por la puerta de Bogotá 3588, en el barrio textil de Floresta.
Sí, ya sé, la casa de fachada lisa, color celeste-verdoso-cyan, con una puerta de chapa blanca, las ventanas con rejas y percianas bajas, la desprolijidad de la cuadra entre los pedazos de tela, y el movimiento de la gente, todo eso te tira para atrás a la hora de tocar el timbre y empujar del picaporte al ritmo de la campanilla que te habilita a entrar.

Pero hacelo. De corazón hacelo.

La primera vez que fuimos a Modurang fue buscando por la web direcciones de restaurantes coreanos cerca de casa. Vi que la dirección coincidía con nuestras expectativas de comer dentro del radio de las 5 cuadras, porque los gordos de mente, primero que todo, son vagos.

Llegamos y vimos la fachada del lugar, a lo que Nana me pregunta: ¿será acá? y, ni lerdo ni peresozo voy y toco timbre al mismo tiempo que respondo: ¡da igual, tengo hambre, espero que acá me den de comer!

Y nos abrieron la puerta. Sábado, medio día, la gente que caminaba con sus bolsas llenas de ropa de los cientos de negocios que hay en el barrio, y nosotros ahí, entrando por un pasillo vacío de decoración, a un mundo diferente. Porque la sensación es esa: entrás a otro país.

Si bien varios de los mozos son de habla hispana, los (y las) que cocinan, sumado al encargado, son coreanos de pura cepa. 
Te sentás donde te parezca más cómodo, obviando encontrar ventanas con lindas vistas, salvo una pecera con una tortuga de plástico simulando ser la decoración más hipster del recinto oriental. Alguna que otra planta que no requiere ni luz, ni agua, ni vida, para ambientar las mesas lisas, las sillas tapizadas en cuerina ecológica, y el individual de cartón con dibujos al mejor estilo packaging del sudeste asiático. De fondo 3 cuadritos de la década del setenta, esos paisajes tipo tridimencionales, que se habían puesto de moda, como todo mal gusto de la gente que no sabe en qué gastar su dinero.
Dentro de esa panorámica te pedís el cerdo picante para compartir, le pedís un arroz adicional, y una cerveza de siete cincuenta, o una Coca de litro y medio. Y dentro de los 5 minutos aparece el mozo con 7 o 9 platitos diferentes que van a servir de acompañamiento para el principal, un colorado y aceitoso cerdo bien picantón, medio agridulce. 

Y te traen una sopa, que suelo dejar para el final así me barre los sabores. Comienzo colocando algo del cerdo sobre mi arroz, elijo del contenido de uno o de dos de los bols con comida, y tomando con la mano mi cuenco metálico con arroz lo elevo cerca de mi boca e intento con los palitos meter dentro la carne, el arroz y el resto, mientras ronroneo porque soy feliz probando esas cosas tan ricas que hacen estos chabones.

Después resulta todo similar, siempre colocar el contenido de varios platos en el cuenco y seguir comiendo. No sirve de nada que te diga qué es lo que te van a servir, porque si te explico no lo comerías.
Mejor es hacer la experiencia propia y aprender que somos lo que nuestra mente deja liberarnos a la hora de ser felices.

 

El Guerrillero Culinario


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Modurang – Mi coreano favorito ♥

23abr/14
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No entiendo a los gourmands

El fanatismo le toca la puerta a todos, incluso a los adoradores de los choripanes, foie gras y hasta a los japoneses comiéndose pulpos vivos.
Algunos tipos de fanatismos, como el del Vegetariano, van de la mano de posturas políticas y sociales respecto a los pobres animales que sufren tanto mientras se desgrasan a la parrilla. Quizás no comparta su postura pero la opinión tiene un fundamento personal incoherente que mucho no se debería discutir. Son así, y si no te gustan no los invitás a tu casa, pero tampoco hay que cambiarlos.
Sin embargo hay otros fanatismos, como el del gourmand.
Éste fanatismo suele aparecer en la mente de las personas que viajan mucho y, como se la pasan conociendo lugares, prueban muchos estilos gastronómicos. Al conocer diferentes culturas empiezan a tomar como básicos a los alimentos que, para otros mortales más Nac&Pop como nosotros, serían grandes lujos culinarios. Para mí comer sushi es algo caro, caro porque me sale más caro que comer milanesa, entonces lo caro me dicta el bolsillo y como rara vez sushi. Para el gourmand comer sushi es como lo mínimo que puede comer cualquier día de la semana. ¿Una milanesa? Sí, la de Casa Cruz. ¿Una milanesa del mercado? El gourmand no te come comida corriente…
Ésto pasa en todos los órdenes de la vida. El hombre se mal acostumbra a todo y necesita emociones más grandes, más fuertes, con intensidades que rozan los límites de la insanía. Así el que tiene un BMW quiere un Porsche y sobrepasar la barrera de los 300 kilómetros por hora, el que tuvo sexo con las mujeres más hermosas que te podés imaginar incursiona con travestis ex jugadores de fútbol de las inferiores, y el que comió sushi en Japón quiere comerse al pulpito vivo (ese que cortan en partes y mientras se intenta agarrar del palito se lo meten en la boca)…

… y ¿por qué no perro en China, gato en Bolivia o seso de mono vivo en Guinea?


No dejan de ser fanáticos. Comen porque hacen de comer una necesidad imperiosa de crecimiento emocional por un vacío (y no hablo del corte de carne) en sus vidas personales. Esta gente no se conforma con un whisky común. Tampoco se conforma con un Single Barrel. Necesitan el mejor, ese que es edición limitada de la edición limitada, ese que firmó el fabricante media hora antes de morirse. Para el gourmand la milanesa del bodegón no es más que una planchuela de carne seca e inmunda que no merece el más mínimo respeto. Ellos, para comer carne seca, comen Charqui, en medio del Salar de Uyuni, maridado obviamente con un Yacochuya 2001, porque para ellos, vinos de menos de seiscientos pesos, no son vinos.

Si bien este tipo de fundamentalista es necesario para el crecimiento de los polos gastronómicos ¡Ojo! Puede que un día se aburran de comer, como se aburren de los platos simples, y pasen a focalizar su energía en otra cosa, sea coleccionar autos, aprender idiomas o tocar instrumentos. Y en ese mismo instante… ¿qué vamos a hacer con tanto restaurante de comida fusión, autor y molecular?…

Yo iría buscando alternativas a tanta cocina molecular e ingrediente extraño…

Por las dudas… ¿vio?


El Guerrillero Culinario


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No entiendo a los gourmands

09abr/14
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Un Guerrillero sensible recorriendo San Juan

Un día llegué a San Juan para re-encontrarme con la tierra que me vio llegar por primera vez en el 2005 y por segunda vez en el 2010.

Ocho años atrás me encontraba comiendo en ese bodegón tan conocido del centro, esquina mítica sanjuanina, junto a papá y mamá. Todavía recuerdo la empanada de carne frita de la que chorreaban sus jugos y el locro cremoso que maridaba perfecto con las críticas de mi viejo alegando que no había uno mejor que el de mi progenitora. Tenía razón. Igualmente éste que estábamos comiendo era buenísimo. Pero la vieja, es la vieja.

Allá por el 2010 pasé de vuelta por esta provincia para festejar el Bicentenario de una forma más especial: lejos de Buenos Aires. Terminé probando los mismos platos que comí con mi viejo (quien ya no estaba). Esa fue mi manera de recordarlo.

Pero esa vez decidí crear nuevos recuerdos, como ser la magnífica noche en el Observatorio Félix Aguilar del Parque Pampa El Leoncito, en plena luna llena, vibrando de frío y emoción, viendo los cráteres de nuestro satélite natural mientras que charlábamos en un momento íntimo, casi como si fuésemos amigos, sobre estrellas, sueños, soledades y cometas.

Este nuevo viaje por San Juan durante el inicio de la primavera pasada fue, sin dudas, un viaje revelador. No por la provincia. Por mí. Por lo que siento. Por lo que quiero a mi país.

Atrás de cada duna, a la sombra de algún arbusto seco, bajo el reflejo de la luna, me crucé siempre con una sensación. Un desierto que crece entre medio de comidas, personajes, historias, memorias, sueños y deseos.

Noté en este viaje una característica en común con el anterior, el comportamiento de la gente. Gente que dice mucho de sí misma. Gente que quiere ver crecer su lugar. Gente que confía en su país. Gente que cree en la gente.

Porque te puede gustar el trekking en el Dique Quebrada de Ullum o no. Pero la hospitalidad del local es muy distinta a otros lugares donde el turismo está explotado de forma constante. La sensación de estar cerca de tu casa porque los sanjuaninos te hacen sentir un familiar más es indescriptible.

Me pasó lo mismo con la bodega subterránea en la zona de El Zonda. Da igual si te gusta el vino espumante, la cerveza o el agua mineral. Risas garantizadas con un comediante que bien puede ganarse la vida parado en un escenario haciendo un monólogo de media hora y contando chistes. Seamos sinceros, los vinos te los comprás donde querés, pero el repositor del supermercado dudo que te robe una sonrisa como lo hizo este personaje del que todos seguimos hablando la media hora siguiente.

Cuando te dicen que existen molinos harineros en Jáchal en funcionamiento, no te aclaran con quien te vas a cruzar. Dionisio, el cuidador del molino es la historia viva de Jáchal. Por algunos instantes le miraba las manos y entendía las líneas vividas que demostraban sus marcas del paso del tiempo, combinadas con las palabras de un hombre que ama lo que hace, cuidar a su propia tierra. Recuerdo decirle a un guía que nos acompañaba entre los relatos: “Ojalá Dionisio viva mil años porque estos molinos funcionan gracias al amor que le pone este hombre”… Y sí… Todo funciona en armonía cuando uno realmente está enamorado de algo.

Si por casualidad tenés la suerte de conocer el Parque Nacional Ischigualasto, te recomendaría que vayas y disfrutes del silencio. Quizás así puedas apreciar lo inmensamente perfecto de ese paisaje moldeado durante millones de años para vos. A veces no es necesario poner en palabras lo que miles de generaciones no lograron describir con la combinación de letras de nuestro abecedario…


El Guerrillero Culinario


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